
Salut les cubains
- 29 min.
Homenaxe a Cuba, froito dun convite que Varda recibe do ICAIC, o Instituto de Cine Cubano, catro anos despois do triunfo da revolución. Unha montaxe de 1.800 fotos, tras seis meses de rigoroso esforzo, amosa o ritmo de vida, a calor e as primeiras tentativas de implantación do socialismo no país caribeño. Uso de cancións populares cubanas e unha narración a cargo de Michel Piccoli.
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Universo Agnès Varda
Oncle Yanco
Salut les cubains
Black Panthers
Versión lingüística:VOSEFormato:DCP
- Ano:1963
- Países de produción: Cuba, Francia
- Guión: Agnès Varda
- Fotografía: Per Olaf Csongova, J. Marques, Agnès Varda
- Montaxe: Janine Verneau
- Produtora(s): Pathé, ICAIC
Salut les cubains: Socialismo y chachachá
Inma Merino
Salut les cubains, que la cineasta definió como un film de “socialismo y chachachá”, quiere reflejar al pueblo cubano como un colectivo que trabaja por la transformación social y de ahí, por ejemplo, las fotografías animadas de los agricultores cortando la caña de azúcar y los comentarios elogiosos de la reforma agraria mientras se oye una canción de Carlos Manuel Puebla de agradecimiento a Fidel Castro que, por ello mismo, expresa un culto al “líder máximo”. Pero, sin olvidar lo colectivo, el film aporta retratos individuales, entre ellos el del albañil Eugenio Mur, antiguo coronel revolucionario; de los arquitectos Ricardo Porro, discípulo de Le Corbusier y diseñador de escuelas de arte “refinadas para acoger a los nuevos artistas”, y Selma Díaz, definida como un emblema de la juventud cubana; del cantante Benny Moré, a quien, habiendo muerto de manera inesperada poco después de la estancia cubana de Varda, esta homenajea saludándolo como el “rey del ritmo” antes de que aparezca y desaparezca entre la sucesión de imágenes animadas mientras baila y se le oye cantando Caricias cubanas; del escritor Alejo Carpentier y de los poetas Nicolás Guillén y Roberto Retamar, al cual Varda, a través de la voz de Piccoli, define subjetivamente como un “poeta secreto y verdaderamente espiritual” añadiendo ella misma una consideración aún más personal: “sus poemas me han hecho pensar en Rilke”; de los pintores Wilfredo Lam, definido como un surrealista bañado de un realismo tropical y exuberante de una trágica sensualidad, Raúl Milian, cuya pintura se describe como sutil y desesperada, y René Portocarrero, presentado como un pintor de ciudad y de mujeres que busca expresarse a través del colorismo y del barroquismo cubano. Es así que la película es un testimonio de la realidad cubana del momento, pero filtrado por una subjetividad que también refleja la sensibilidad de Varda por la poesía y la pintura. A través del comentario, en este caso dicho por Piccoli, se elogia al “liberalismo artístico” (“siempre y cuando los artistas sean revolucionarios”) del régimen cubano insinuándose un con otros países socialistas tendentes a condenar la abstracción (suponiéndola elitista e impopular) para imponer el “realismo” como única forma de representación: “Fidel ha dicho que el arte ha de ser libre: ‘si nuestros pintores son revolucionarios, ¿qué les impide ser libres?’”. Pero la narración no se entretiene en ella y, como sugiriendo que se trata de una libertad igualmente importante, la voz de la cineasta, y sus imágenes, pasan a ocuparse de una vieja danzarina: “¿Y quién impide bailar a esta dama de Santiago?”. La voz de Piccoli informa: “104 años”. Varda, siempre fascinada por la gente común que retrata, se ensimisma más adelante ante la mujer de la limpieza de un museo que, con su rostro dulce, la conmueve tanto como el jardinero de la casa donde Ernest Hemingway residió periódicamente en San Francisco de Paula, al sur de La Habana, desde 1939 hasta 1958. La cineasta comenta que sintió el deseo de filmar una película en ese jardín, pero que se le avanzo el ICAC, al cual se homenajea en los últimos minutos de Salut les cubains. El último comentario dicho por Varda remarca la presencia de una joven entonces vestida de miliciana que fue la única mujer cineasta en los primeros tiempos del régimen nacido de la revolución cubana: “Esta joven persona, Sarita Gómez, realiza filmes didácticos y bailará para nosotros, en compañía de unos técnicos y una actriz, el chachachá final”.
Inma Merino, extractos da publicación que acompaña a edición en BR do 'Universo Agnès Varda' (ed. Avalon, 2024).