
Seúl Express: Cine Surcoreano 1997-2003
Do 31 de marzo de 2004 ao 17 de abril de 2004
En los últimos años el cine coreano se ha puesto de moda en los circuitos de cine independiente de Europa y Norteamérica. Siguiendo la estela de La historia de Chunhyang (Chunhyang-jeon, Im Kwon-taek, 2000), Shiri (Swiri, Kang Je-gyu, 1999) conoció también un estreno comercial en los Estados Unidos en 2002 mientras que, más recientemente, títulos como Mía es la venganza (Boksu-neun Na-ui Geot, Park Chan-wook, 2002) o Un mal tipo (Nabbeun Namja, Kim Ki-duk, 2002) comparecerían finalmente en las pantallas británicas. Por otro lado, el asombroso éxito de Mi descarada novia (Yeobgijeogin Geunyeo, Kwak Jae-yong, 2001) y Sang-woo y su abuela (Jibeuro, Lee Jung-hyang, 2002) en Japón confirma la extraordinaria popularidad que las producciones coreanas conocen actualmente en el Lejano Oriente. En efecto, el cine coreano ya no es sólo un cine para los coreanos, sino que se configura como parte integrante del cine mundial, un fenómeno que anuncia así el advenimiento de una nueva y dinámica forma de expresión artística procedente de Asia.
Esta aceptación del cine coreano por los públicos cinematográficos de todo el mundo se ha visto sin duda favorecida por la aceleración en los últimos años de los procesos de globalización cultural. De manera particular, la reputación de que desde antaño disfrutaran a escala mundial el cine japonés y el cine chino parecen haber allanado el camino para esta progresión del cine coreano en la escena internacional. Pero al mismo tiempo esos precedentes sirven de claro contrapunto a la situación con la que se enfrenta el cine coreano en esta era de la globalización. Antes de que Hayao Miyazaki se consagrara con el Oscar a El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no Kamikakushi, 2002) o comenzaran a circular internacionalmente las películas de Takashi Miike, hacía ya largo tiempo que habíamos oído hablar de Rashomon (Akira Kurosawa, 1950) o Tampopo (Juzo Itami, 1986). De idéntico modo, la mirada realista e inconformista que sobre la China contemporánea proyectan los cineastas de la llamada Sexta Generación (Zhang Yuan, He Jianjun, Wang Xiaoshuai...) se contrapone claramente a las más familiares y nostálgicas imágenes que de su pais ofrecieran sus predecesores Chen Kaige y Zhang Yimou. Desde este punto de vista, el nuevo cine coreano ha debido dar su gran salto a la escena internacional sin poder contar con un respaldo histórico equivalente.
La globalización cultural entraña la posibilidad de que pueda haber también un mercado internacional para los cines nacionales. Así, por ejemplo, frente al estricto control tradicionalmente ejercido por el estado sobre la industria cinematográfica china, hoy en día son numerosas las entidades financieras dispuestas a invertir en la misma, tal y como demuestra el caso de Asian Union, fundada en 1996 y cofinanciadora de películas como Demonios en el umbral (Guizi Laile, Jiang Wen, 1999) o Tigre y dragón (Wo Hu Zang Long / Crouching Tiger, Hidden Dragon, Ang Lee, 2000). La cuestión esencial es, pues, cómo un sistema más liberal puede crear y fomentar una mayor y más rica variedad de propuestas cinematográficas y un mayor índice de experimentación. Pero del mismo modo que la producción cinematográfica no debería verse afectada por imperativos políticos o controles sistemáticos, también habría que protegerla de los dictados del mercado internacional.
El rápido desarrollo de la industria cinematográfica de Corea del Sur en las últimas décadas constituye sin duda uno de los más exitosos episodios de la historia del cine mundial. El proceso democratizador acometido por la sociedad coreana desde mediados de los ochenta ha ido abriendo espacios políticos y culturales más propicios para dinamizar convenientemente la producción cinematográfica tanto en su vertiente comercial como en el sector independiente. Desde ese momento la industria cinematográfica coreana ha conocido un espectacular desarrollo, desafiando incluso la larga dominación hollywoodiense en el país. Actualmente la cuota de mercado del cine coreano supera el 46 por ciento y ello ha generado una extraordinaria efervescencia en la que un acomodaticio comercialismo se da la mano con el experimentalismo más radical. Previsiblemente, la bonanza financiera de que disfruta la industria debería incrementar ambos procesos en el futuro, favoreciendo tanto la expansión del mercado como la experimentación artística.
De este modo, el cine coreano ha podido abordar el tratamiento de diferentes problemas sociales y centrarse incluso en los grupos marginales de la sociedad, desafiando arraigados prejuicios y ensalzando el papel de las minorías. Películas como Road Movie (Road Movie, Kim In-sik, 2002) y Oasis (Oasis, Lee Chang-dong, 2002), que plantean distintas cuestiones relacionadas con los prejuicios sociales de que son objeto los discapacitados, homosexuales y ex delincuentes, han generado una amplia reacción y controversia a propósito de importantes cuestiones morales contemporáneas. Cabría alegar que incluso las telenovelas abordan en muchos países tales problemáticas, pero no es menos cierto que sólo un vigoroso cine independiente puede ofrecer una mirada más rica y profunda sobre las complejas interacciones sociales.
Hay buenas razones, pues, para ser optimistas con relación al desarrollo del cine coreano en un futuro próximo, aunque no por ello deberíamos olvidar una cuestión esencial: el cine no es una simple mercancía en una sociedad capitalista. A pesar del gran potencial que encierra la globalización cultural, el mercado cinematográfico mundial sigue casi exclusivamente en manos de Hollywood y por ello mismo el cine coreano continúa necesitando un respaldo institucional y cultural -incluyendo la financiación, que es la savia nutricia de cualquier industria cinematográfica- por parte no ya sólo del sector privado, sino también del gobierno.
EL CINE COREANO SE ASOMA AL MUNDO
por HYANG JIN LEE
en Seúl Express, 97-04. La renovación del cine coreano, Alberto Elena (ed.) (T&B Editores, 2004)
Publicación auspiciada por el Festival de Las Palmas, ligada al ciclo homónimo.
En colaboración con: Festival Internacional de Cine de Las Palmas, IVAC-La Filmoteca.
Agradecementos: Indiestory, Cineclick Asia, Cinema Service, E Pictures, Mirovision, Tube Entertainment (Corea do Sur), Fortissimo Films (Holanda), Wild Bunch (Francia), Alberto Elena, Emrson Machtus.

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