Los girasoles ciegos
Maribel Verdú, Javier Cámara, Raúl Arévalo, Roger Príncep, José Ángel Egido, Martiño Rivas, Irene Escolar, Juan Antonio Quintana
- 95 min.
Ourense pouco despois da Guerra Civil. Elena agocha o seu marido, republicano, no domicilio familiar. A súa filla adolescente deuse á fuga embarazada co pai, un mozo buscado pola xustiza. Ademais, debe enfrontarse ás intencións dubidosas dun diácono que comeza a ter dúbidas sobre a súa vocación.
Terceira e última colaboración entre Cuerda e Azcona que adapta novelas históricas. Esta sorte de triloxía composta por El bosque animado (1987), La lengua de las mariposas (1999) e Los girasoles ciegos (2008) afonda nas circunstancias da posguerra en Galicia e crea un enorme fresco sobre a vida dos represaliados nos primeiros anos do franquismo. Foi Goya a mellor guión adaptado, que recolleu só Cuerda, pois Azcona falecera antes da estrea do filme. Tamén lle dedicou a fita.
- Ano:2008
- Países de produción: España
- Guión: Rafael Azcona, José Luis Cuerda
- Fotografía: Hans Burmann
- Montaxe: Nacho Ruiz Capillas
- Produtora(s): Sogecine, Produccions A Modiño, E.O.P.C, Producciones Labarouta
Los girasoles cegados por un sol terrible
José Luis Cuerda
Metidos en faena, Rafael Azcona y yo decidimos en primer lugar trasladar los hechos narrados a Galicia por tres razones. Una, el que la sublevación militar triunfara rápida y sangrientamente en sus cuatro provincias no sólo no impidió la existencia de "topos" —quienes se escondieron durante años y hasta décadas de la represión franquista—, sino que hizo más dramática y prolongada su supervivencia. Dos, necesitábamos casas y calles de los años cuarenta y en Madrid, lugar en el que Alberto Méndez sitúa las acciones, son hoy inencontrables. Y tres, las fachadas pétreas —entre cincuenta y ochenta centímetros de espesor en sus paredes— de las viviendas gallegas servían tanto para marcar el sigiloso secreto de su interior y la falsa apariencia de solidez como para remarcar la fragilidad, desarticulación y zozobra de las vidas que se contienen en esta historia.
Decisión igualmente determinante fue la de primar el argumento de la cuarta narración con respecto a las otras, por ser la que acumula personajes más poliédricos, de un mayor recorrido dramático, más complejos y más reconocibles para el espectador: una familia de clase media cuyos componentes acumulan a la obligación de mentir en el exterior de la casa la amargura de convivir entre sentimientos de culpa, de impotencia, de insatisfacción, de abandono. Sin acceso a la vida.
Recurrir a una narración lineal y a unos diálogos realistas fue otra opción tan arriesgada como meditada por nosotros. Imposible mantener la literalidad poética de las cartas entre el diácono y el rector sin caer en una pedantería insoportable en términos cinematográficos. Lo que en la literatura de Méndez es perfecto, evocativo, percutiente, en off o en boca de los actores sería falsamente "poético", patológicamente "artístico", ridículo a veces. ¿Cómo podría mantenerse sin sonrojo un diálogo del tipo: (Cito de memoria) "Mi sangre colaboró a convertir un monte quemado en monte de exterminio" en boca del diácono que confiesa al rector su participación en pelotones de fusilamiento?
Conservar la estructura epistolar y la rememorativa de los dos puntos de vista desde los que está escrita esta cuarta historia del libro evidenciaría, tanto y tan repetidamente, una estructura llamativa para el espectador que desviaría su atención hacia el andamiaje narrativo con detrimento de la comunicación entre personajes-personas y personas-espectadores.
Abomino los personajes-pretexto, los personajes-idea y abomino más todavía las películas hechas por los directores para que, prima facie, se vea que allí hay un director dirigiendo. Esta manera de trabajar en busca de la originalidad formal, de lo nunca visto, me parece una patética e involuntaria, por supuesto, confesión de impotencia, de falta de músculo narrativo, de ausencia de tendones a la hora de articular una historia.
José Luis Cuerda, en Los girasoles ciegos. Guión cinematográfico, ed. Ocho y Medio, 2008, pp. 9-10.