Rainer Werner Fassbinder
Del 17 de marzo de 2026 al 30 de mayo de 2026
Hay quien opina que el Nuevo Cine Alemán de los sesenta-setenta comienza y finaliza con Rainer Werner Fassbinder, sin duda uno de sus máximos representantes. Desde sus primeros cortos, como El vagabundo (1966), hasta su póstuma Querelle (1982), el bávaro fue uno de esos autores totales que marcan a una generación y un momento artístico: treinta obras de teatro, cuatro producciones radiofónicas, más de cuarenta filmes entre largos, cortos y creaciones televisivas y una infinitud de escritos y actuaciones en cintas de colegas. Hay la broma cinéfila en Alemania de retar a la gente a nombrar un filme independiente de los años setenta en el que no salga Fassbinder de una manera u otra. Simplemente, era omnipresente, en lo físico, pero también en el discursivo. Su actitud desenfadada y el ataque a la rígida moral tradicional marcaron e influyeron profundamente las producciones autorales de esa época en su país.
Muchas veces comparado con Pier Paolo Pasolini, obviamente por su hiperactividad, pero también por el cuestionamiento de los códigos morales imperantes y por la celebración de la cultura queer; el cineasta teutón transitó por géneros muy diversos, en lo que él definía como “filmes de cine”, frente a otra categoría que practicaba, la de los “filmes burgueses”. Entre los primeros, noirs como El amor es más frío que la muerte (1967), Dioses de la peste (1969) o El soldado americano (1970) le sirven desde el inicio de su carrera para sacar el escalpelo ante la sociedad germana, partiendo de códigos del cine hollywoodiense clásico, que él deturpa según sus necesidades. Son estos filmes muy alemanes, con las clases bajas, el lumpen, como foco protagonista. Quizás esta sea la principal diferencia frente a cintas burguesas como Katzelmacher (1969) o Atención a esa prostituta tan querida (1970), en las que el primer plano lo ocupan chicos acomodados alienados que ejercen dinámicas de poder desiguales ante otros individuos en una posición inferior. Violencia habitualmente ejercida a través del sexo, estos filmes escandalizaron en su momento, al igual que los de Pasolini.
Fassbinder inauguró los setenta con una serie de “melodramas distanciados” en los que intentaba hacer aflorar los sentimientos a flor de piel del constreñido carácter nacional a través de una cierta objetivización, un estilo más calmado. Con nulo miedo a tratar tabúes, entregó tres filmes redondos con temas bien incendiarios: el drama lésbico entre una burguesa y una chica proletaria de Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972), la relación entre una mujer mayor y un joven marroquí en Todos nos llamamos Alí (1973) o la prostitución homosexual en Lana ley de él más fuerte (1974). Al tiempo, multiplicaba su presencia televisiva con series atípicas como el sci-fi Él mundo conectado (1973) o el poliédrico retrato a la sociedad alemana a través de parejas de edades y orígenes muy diversos que hizo en Ocho horas no hacen un día (1972). Conforme avanza la década, se va interesando más en la historia e identidad de su país, con El matrimonio de Maria Braun (1978) como filme fundamental de esta etapa, en el que indaga en las heridas causadas por la Segunda Guerra Mundial.
El cineasta falleció en 1982, con el montaje de su último filme, Querelle, sin finalizar. Tenía solo 37 años, pero en poco más de quince de carrera causó un impacto en la contracultura de su tiempo que resuena hasta hoy. Esta retrospectiva incluye la mayor parte de sus largometrajes y algunos de sus trabajos televisivos y cortos iniciales. Las copias se proyectan todas restauradas en soporte digital.
El vagabundo
El pequeño caos
El amor es más frío que la muerte
Katzelmacher
El soldado americano