El mercader de las cuatro estaciones
Händler der vier Jahreszeiten
Hans Hirschmüller, Irm Hermann, Hanna Schygulla
- 89 min.
Hans Epp, cuya madre se niega a que se haga mecánico, se enrola en la legión extranjera. A su regreso, ya hecho policía, pierde el trabajo a causa de una prostituta. Obligado a vender fruta en los patios de los edificios, es la vergüenza de su familia. Irmgard, su mujer, lo desprecia y lo atormenta.
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Rainer Werner Fassbinder
El mercader de las cuatro estaciones
Versión lingüística:VOSEFormato:35mm.
- Ano:1971
- Países de producción: Alemania
- Guión: Rainer Werner Fassbinder
- Fotografía: Dietrich Lohmann
El mercader de las cuatro estaciones
R. Katz, P. Berling
Ninguna otra película de Fassbinder suscitaría elogios tan generalizados como Mercader (...). Más de un critico afirmó que era la mejor película alemana de la posguerra. Lo asombroso, según ellos, era que Rainer hubiera podido insuflar vida a esos estereotipos trillados —entre los cuales no faltaban la madre dominante y la esposa autoritaria e infiel— que diariamente arrancaban lágrimas a la audiencia televisiva o de los cines de barrio. El secreto radica en su concepción realista, no sentimental, de unos personajes que se limitan a realizar los papeles que les impone la estructura social existente. Según Thomas Elsaesser, uno de sus críticos más agudos, Mercader genera "la incómoda sensación de estar mirando un documental sobre gente que actúa en una obra ficticia".
La reacción favorable del público, que se produjo poco después de su conocimiento y su emulación consciente de Sirk, lo llevó a realizar en los años siguientes una gran cantidad de películas que fueron otros tantos éxitos. En todas ellas, Elsaesser descubre el esquema sirkiano (1976): "La situación típica de una película de Fassbinder, en la cual un padre/madre, esposo/esposa o amigo/colega somete al o a la protagonista de manera sádica o lo/la engaña, traiciona o abandona se desarrolla de manera tal que estas figuras dominantes, de las cuales es subjetiva u objetivamente imposible escapar, también tienen sus razones o buenas intenciones o actúan impulsados por motivaciones complejas que no controlan del todo... El protagonista, en cambio, está dotado de una inocencia moral/emocional que lo convierte en el idiota angelical en un mundo dostoievskiano de prostitución universal. Su ingenuidad, la obstinación con que se aferra a las verdades sencillas y los sentimientos directos, se vuelven una sabiduría superior, un gesto que desenmascara la estupidez del egoísmo, el prejuicio y la opresión. El mal aparece entonces como algo impersonal, un elemento inherente al conjunto del sistema social. En última instancia, las películas apelan a la solidaridad entre las víctimas".
En Rainer Werner Fassbinder. El amor es más frío que la muerte, de R. Katz y P. Berling, Gedisa Editorial, 1988, pp. 78-79.