
Play-Doc: Leon Hirszman
Del 18 de junio de 2024 al 27 de junio de 2024
A la hora de abordar movimientos cinematográficos como el Cinema Novo brasileño, la cultura fílmica tiende a simplificar en exceso las cosas. Como mucho, los cinéfilos conocen a alguna de sus figuras clave más celebradas, tales como Glauber Rocha o Nelson Pereira dos Santos; un personaje de talento como Leon Hirszman puede acabar marginado, sobre todo dado el ya fugaz reconocimiento de que goza este movimiento en el extranjero.
El Cinema Novo se concibió como una intervención en la sociedad y el cine brasileños mediante una postura de unidad de los realizadores más jóvenes y tiene un espíritu más colectivo que la mayoría de las nuevas olas de los años 60. Hirszman, en muy gran medida, estaba integrado en el núcleo duro: su primer corto, Pedreira de São Diogo (1962), formaba parte de la película Cinco vezes favela, pensada como tarjeta de visita de los realizadores emergentes vinculados a ella; al que le siguió Maioria absoluta (1964), en torno al analfabetismo en Brasil, desempeñó un papel fundamental en el movimiento, al impregnarse del cine directo para abordar los males sociales del país; y su segundo largometraje, Garota de Ipanema (1967), inspirado en ese clásico de la bossa nova, constituye uno de los primeros y tímidos intentos del director por llegar a un público más amplio.
Pero Hirszman siempre anduvo un poco desacompasado y su filmografía es muy dispersa: cuatro largometrajes de ficción, unos cuantos documentales (algunos estrenados de manera póstuma) y una serie de cortometrajes, en algunos casos referentes a la música brasileña, como el magnífico Partido Alto (1982). Los filmes más apreciados de los que hizo (São Bernardo y Eles não usam black-tie) salieron en los 70 y 80, después de que fuese remitiendo el interés que mostraban en el extranjero por este movimiento. Cuando Abraccine, la principal asociación brasileña de la crítica cinematográfica, realizó una encuesta en 2015 sobre las mejores películas del país, esta última quedó en el puesto 14 y la primera, en el 20. Eles não usam black-tie (1981) le valió por fin un triunfo bien considerado entre el público (más un Premio Especial del Jurado en Venecia), pero Hirszman no tuvo ocasión de consolidarlo: falleció de sida en 1987 a la edad, demasiado temprana, de 49 años.
Cinco vezes favela fue producida por el Centro Popular de Cultura, organización comunista de la que Hirszman, afiliado al partido, fue uno de los fundadores clave. Pedreira de São Diogo, aunque no escapa a la mistificación condescendiente que hace la película del concepto «el pueblo», constituye uno de sus mejores títulos, con esa agudeza visual y su fino montaje, y su obsesión con la muerte y su carga psicológica se muestran como en ningún otro de sus filmes. En los trabajos de ficción posteriores de Hirszman, la mezcla de Marx y Freud sería una constante; a este respecto, pueden observarse fuertes paralelismos entre sus películas y las de Marco Bellocchio, y su obra, en efecto, apunta a una honda influencia del cine político italiano.
Su primer largometraje, A falecida, gira en torno a una mujer obsesionada con los preparativos de su propio funeral. Hirszman pasa por alto, en general, la oscura sátira social del autor Nelson Rodrigues —el sentido del humor no es uno de sus fuertes—, al tiempo que exagera la obsesión de la protagonista, con toda su perturbadora morbosidad, otra constante en su filmografía. Por su parte, Garota de Ipanema es, en teoría, una comedia musical pensada para el mercado juvenil, pero se convierte en un estudio social de un tipo humano y el medio en que se mueve. A pesar de la magnífica banda sonora y los muchos cameos musicales, adopta un enfoque amargo y a Hirszman lo acusaron de aguafiestas intelectual, pero ese apartarse de la ligereza para acercarse a un abismo emocional parece ahora una de sus mejores apuestas.
Llegado el comienzo de la década de 1970, cuando la percepción que había de él era la de que se trataba, más que de un cineasta, de una importante figura de fondo, por fin consiguió que sus obsesiones mereciesen la pena, gracias a São Bernardo (1972). Esta adaptación de un título del autor marxista Graciliano Ramos constituye un agudísimo retrato psicológico de un terrateniente que va triunfando en la vida y hace de la propiedad de lugares y personas su única obsesión. Durante 105 minutos, Hirszman encierra a los espectadores en la perspectiva de este hombre tan antipático, sin marcar distancias.
A finales de la década de 1970, Brasil, en plena dictadura militar ya de larga fecha, se vio sacudido por una sucesión de huelgas convocadas en la importante región obrera de ABC, en São Paulo, que volvieron a poner la problemática laboral en primer plano y dieron proyección a su líder, el futuro presidente Luiz Inácio «Lula» da Silva. Fue Hirszman quien lo filmó todo, y muchas de las famosas imágenes del joven Lula surgieron de su lente (ABC da greve salió por fin en 1990).
Tuvo la inspiración de hacer una puesta al día de una obra de teatro de finales de los 50, Eles não usam black-tie, escrita por otro autor comunista, Gianfrancesco Guarnieri (que en la película también interpreta al padre), y que versa sobre el conflicto que se desarrolla entre padre e hijo durante una huelga. El filme tuvo una enorme aceptación popular al combinar la potente estridencia de la propaganda política de Guarnieri con la elaboración del tierno e íntimo retrato de una familia de clase trabajadora. El hijo, que siente un afecto sincero por su comunidad pero no puede ni imaginarse la idea de solidarizarse con ellos, es una de las mayores creaciones de Hirszman y, como en São Bernardo, se pone de manifiesto una profunda comprensión de la psicología capitalista. La película, que surge de estos retratos gemelos del esfuerzo de una comunidad por alcanzar la unión y del individualismo rampante que dificultará cada vez más esta tarea, constituye el principal legado de Hirszman.
Un talento marginado
por Filipe Furtado

Leon Hirszman: cortometrajes

S. Bernardo

A falecida

ABC da greve
