Extraño río
Estrany riu
Jan Monter, Nausicaa Bonnín, Jordi Oriol, Bernat Solé, Francesco Wenz
- 103 min.
Dídac tiene dieciséis años y viaja en bicicleta por el Danubio con su familia. Entre días calurosos, un encuentro inesperado cambia el rumbo del viaje: un misterioso chico aparece entre las aguas del río. Su presencia enigmática no solo despierta algo nuevo en Dídac, sino que empieza a alterar la relación con su familia.
-
Compartir el cine. 20 años de 'Cinema en curso'
Extraño río
Encuentro con Jaume Claret Muxart
Versión lingüística:VOSEFormato:DCPEntrada de balde.
-
Crítica del filme
Manu Yáñez (Fotogramas)
Entrevista a Jaume Claret
Elisabet Cabeza (festival de Donostia)




Nota del director
Jaume Claret Muxart
Estrany riu nace de los viajes que hice con mi familia en bicicleta por diferentes ríos de Europa. Quise hacer una película para narrar la particularidad de esos viajes, la vida en los campings, los hostales, los momentos de descanso en el río, el calor, los sonidos de los pájaros y del viento, el agua helada, la lluvia, el ritmo de la bicicleta. Capturar esos momentos que he observado durante tantos años, e un estado de constante transformación, a través de una cámara que se mueve y fluye sin cesar, como el agua. Un río: el Danubio, fascinante y misterioso, que cambia como un personaje en sí mismo, como un adolescente de dieciséis años: Dídac.
La adolescencia me parece un subgénero cinematográfico. Es una etapa vital en la que cambia la perspectiva del mundo y de uno mismo, y el cine —como arte del tiempo, de la elipsis y de la transformación constante— se adapta especialmente bien a esa transición. Nuestro propósito ha sido narrarla desde la percepción de un joven y preguntarnos cómo vive esos cambios un adolescente de hoy. Aunque el punto de vista principal está en él, no es el único: la familia lo acompaña, lo motiva y también forma parte esencial de su proceso.
Es una película sobre la familia y la educación emocional de unos padres a unos hijos y viceversa, es decir, lo que también unos padres pueden aprender de unos hijos. Pero también es una película sobre un hermano, Biel, dos años menor, que percibe e intenta comprender el estado de cambio por el que transcurre Dídac. Estrany Riu es un homenaje a mi familia, mostrar esa educación que tuve y retratar la vocación y la pasión de unos padres que transmiten la vida y el arte a sus hijos.
Cuando viajas en bicicleta siguiendo distintos ríos, te cruzas constantemente con desconocidos; y, con el tiempo, esos encuentros se repiten, los rostros se hacen familiares, y se crea una bonita complicidad. De esa sensación nace el personaje de las aguas que se encuentra Dídac. Como si dos afluentes —la familia y ese chico misterioso— se cruzaran en el camino, el relato se va dibujando, y las relaciones, transformando. La estructura misma del filme se convierte en un río: no solo como espacio geográfico donde transcurre la historia, sino como corriente vital que atraviesa a los personajes. Para retratarlo, he tenido siempre presentes estas palabras de Ermanno Olmi: "En una zona de calma creada por el mismo discurrir del agua, los dos personajes coinciden, se miran".
El cine que más admiro al ver y más disfruto al hacer es aquel que se refleja con la vida, pero narrado desde la fabulación, desde un realismo poético como el que encontramos en el cine francés de los años 30 —el de los tres Jean: Epstein, Renoir y Vigo—, o en ciertas obras de Agnès Varda, Terence Davies, y en el cine asiático de los años 90, especialmente en Hou Hsiao-Hsien y Edward Yang. Me gusta pensar el cine como un espacio donde imaginar lo que podría haber pasado si hubiese ocurrido lo que no sucedió.