Gradual Speed
- 52 min.
Hace unos años empecé a coleccionar imágenes con la idea de rendir homenaje a las técnicas del cine analógico, que poco a poco se van perdiendo. Ahora, una serie de estas grabaciones hacen de Gradual Speed un trabajo en y para película en 16 mm en blanco y negro vista como materia y, al mismo tiempo, como metáfora de algo que no podemos aprehender. (Els van Riel)
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(S8) XVII MOSTRA DE CINEMA PERIFÉRICO
Gradual Speed
Versión lingüística:VOFormato:16mm.Presentación e coloquio: Els van Riel. Entrada de balde.
- Ano:2013
- Países de producción: Bélgica
Notas del programa
Julie Murray
Para tratarse de un film cuyo título describe el mecanismo, relativamente sencillo, que se empleó para crearlo, la película en 16 mm de Els van Riel introduce un conjunto de sorprendentes transfiguraciones que, de un modo magnífico, hacen intervenir la forma en el prolongado período pasado con personas, animales, acontecimientos y objetos, en cuya compañía la cineasta esboza unas preocupaciones filosóficas mayores referidas al amor, la fijeza, la representación y la pérdida.
La cámara, posicionada cuidadosamente, comienza con un único encuadre, mientras el obturador se mantiene abierto, y a continuación su velocidad aumenta de manera imperceptible, lo que acelera la frecuencia de los fotogramas y, así, cambia el tiempo de exposición para cada fotograma sucesivo; esto, al cabo, produce una imagen visible en movimiento cuya velocidad, a la manera de los Keystone Cops, varía a su vez y acaba acompasándose al tiempo real.
Para hacer la película, van Riel se inspiró en parte en su hallazgo casual de la historia de Vladimir Shevchenko, uno de los primeros fotógrafos que presenciaron las atroces consecuencias inmediatas del desastre nuclear de Chernóbil y los grabaron en placa sensible. El grado real de sensibilidad de aquello quedó patente en la película que empleó, la cual, al procesarse, mostraba los efectos característicos de la radiación intensa en la emulsión. Él mismo acabó sucumbiendo a un envenenamiento por radiación.
Como observa van Riel, «Es esa relación inextricable la que arroja una larga sombra sobre este filme-escultura reflexivo, como una idea de última hora que nos recuerda que la película es primeramente un cuerpo que lleva en sí los vagos rastros de otros cuerpos, siempre en un equilibrio entre la aparición y la desaparición».
Estas observaciones se manifiestan en la precisión del ajuste temporal que hace del tema que trata, ajuste que somete a interminables renovaciones, de modo que, por ejemplo, la inminente aceleración de su madre mientras dormita, cuyos jugueteos, a la larga, pesan mucho en el simple cambio de velocidad, se convierte en lo único que debemos saber sobre tablas de exposición y el paso abstracto del tiempo.
Es esta epifanía interior, y no ningún resplandor que se produzca en la pantalla, la que tiene el mayor poder de influencia.