Dahomey
Lucrèce Hougbelo, Parfait Vaiayinon, Didier Sedoha Nassangade, Sabine Badjogoumin
- 68 min.
En el siglo XIX, imperialistas franceses tomaron miles de artefactos del antiguo reino de Dahomey para su exposición en museos parisinos. Ahora varios de estos artefactos están siendo repatriados a la actual Benín.
El filme sigue ese proceso de repatriación con el rigor del cine directo, mientras filma estatuas dotadas de una voz poética, al estilo del mítico film de Chris Marker y Alain Resnais Les statues meurent aussi (1963). Añadiendo también tramos dramatizados y con la grabación de una asamblea sobre cómo resignificar este patrimonio y sobre los retos de su conservación y exposición en el continente africano; la cinta acaba por abordar de manera poliédrica las complejidades de esta restitución histórica.
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Territorios mutantes
Encuentro con Rubén H. Bermúdez
Dahomey
Versión lingüística:VOSEFormato:DCPEntrada de balde.
- Ano:2024
- Países de producción: Francia, Senegal
- Guión: Mati Diop
- Fotografía: Joséphine Drouin-Viallard
- Montaje: Gabriel Gonzalez
- Productora(s): Les Films du Bal, Fanta Sy, ARTE France Cinéma
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Crítica del filme
Violeta Kovacsics (Otros Cines)
Tráiler
VOSE
Notas de la directora
Mati Diop
Cuando escuché por primera vez el término «restitución» en 2017, todavía estaba escribiendo Atlantique. Como cineasta afrodescendiente, esa palabra me llegó muy hondo. En esencia, este tema está presente en toda mi obra. Además, las películas que realicé en Dakar entre 2009 y 2019 hablan de un proceso de retorno: volver a mis orígenes africanos, a una parte de mí misma que había permanecido enterrada durante demasiado tiempo bajo la hegemonía de mi entorno occidental. A ello se sumaba el inquietante eco entre la figura del revenant en Atlantique, cuya escritura acababa de terminar, y el retorno de los artefactos africanos a su tierra natal. Restitución, revenance, retorno y reparación se unieron en mi mente. Por muy desconcertante que me resultara el anuncio de Emmanuel Macron en Uagadugú, el proyecto de «la repatriación del patrimonio cultural africano en un plazo de cinco años» fue un shock porque me di cuenta, con tristeza, de que nunca había imaginado la posibilidad de que algo así ocurriera en mi vida, quizá por resignación. Nunca había imaginado cómo sería realmente la restitución y, mientras intentaba visualizarla, una película ya se estaba cristalizando en mi mente. Al principio, me planteé escribir un largometraje que narrara la épica aventura de un artefacto, desde su saqueo a finales del siglo XIX hasta su regreso a casa en 2075. Tenía que anticipar el futuro, simplemente porque me parecía muy improbable que se produjeran restituciones inminentes o incluso que estuviéramos vivos para presenciar un acontecimiento tan histórico.
Aun así, les había dicho a mis productoras, Judith Lou Levy y Eve Robin, que si se llevaba a cabo la repatriación de los objetos (de Francia a su país de origen), quería sin duda filmarla, así que teníamos que estar alerta, preparados. Estuvimos pendientes de la prensa hasta que, de repente, se anunció que veintiséis tesoros reales de Abomey (Benín) habían sido seleccionados para su restitución el 10 de noviembre de 2021, y tuvimos que hacer posible el rodaje. Fue una carrera contra el tiempo: solicitar permiso al Gobierno beninés para escoltar los tesoros —el Gobierno se convirtió en socio de la película, garantizándonos al mismo tiempo la independencia en la que insistimos— y organizar toda la logística de un rodaje que iba de París a Cotonú, donde nunca había estado antes. Poco después de empezar a trabajar en la película, decidí crear una productora con sede en Dakar (Fanta Sy) para coproducirla con Les Films du Bal, desde Francia.
La película fue tomando forma a lo largo de dos años, de 2021 a 2023, alternando fases de rodaje y montaje, al tiempo que se perfeccionaba cada vez más el guion y la articulación de los diferentes registros del lenguaje en la película, entre el documental y la fantasía. Los cuatro periodos de rodaje se programaron para coincidir con el viaje de los tesoros, comenzando con su salida del Museo Quai Branly, seguida del trayecto en un avión de carga hasta su llegada a Cotonú. De vuelta en París, el montador (Gabriel Gonzalez) y yo montamos los primeros quince minutos de la película. El segundo rodaje, en Cotonú, consistió en filmar la instalación de los objetos en el espacio expositivo del palacio presidencial por parte del equipo de conservadores benineses, entre los que se encontraban Calixte Biah, a quien habíamos seguido desde que salieron del Quai Branly, y Alain Godonou, el comisario de la exposición. Una vez rodada esa secuencia, me quedé en Cotonú más de un mes para preparar la segunda parte importante de la película, que se centra en cómo ven los jóvenes de Benín la restitución de los tesoros. Decidí darle la forma de un gran debate en un auditorio de la Universidad de Abomey-Calavi.
Tras más trabajo de montaje, en 2022 se rodó una tercera secuencia: la exposición de los objetos en el palacio, que permitió al pueblo de Benín reencontrarse con sus tesoros repatriados, y una secuencia fantástica inicial que discurre por la noche en Cotonú. La fase final del rodaje consistió en filmar otro debate en la universidad para cubrir los ángulos que faltaban y completar el deambular nocturno del espíritu de los tesoros por el palacio presidencial y la ciudad. Paralelamente a las distintas fases de rodaje y montaje, trabajé con el autor haitiano Makenzy Orcel en la redacción del texto de la «voz de los tesoros».