El limpiabotas
Sciuscià
Franco Interlenghi, Rinaldo Smordoni, Annielo Mele, Bruno Ortenzi, Emilio Cigoli, Gino Saltamerenda, Peppino Spadaro, Antonio Nicotra, Leo Garavaglia
- 91 min.
En la Roma de la posguerra, dos niños trabajan de limpiabotas para ganarse la vida, al tiempo que protagonizan pequeños hurtos, intentando no ser atrapados por la policía. Sueñan con comprar un caballo con el dinero ahorrado.
Filme esencial y muy influyente de Vittorio De Sica, fue su primer gran largo neorrealista después de una primera etapa haciendo comedias y filmes románticos. Retrata la sociedad italiana tal como era en ese momento, trabajando con chicos de la calle y en localizaciones reales para conseguir autenticidad. Uno de los filmes seminales del movimiento que marcó todo el cine europeo en la posguerra.
- Ano:1946
- Países de producción: Italia
- Guión: Sergio Amidei, Adolfo Franci, Cesare Zavattini, Cesare Giulio Viola
- Fotografía: Anchise Brizzi
- Montaje: Niccolò Lazzari
- Productora(s): Alfa Cinematografica
Sobre el filme
Peter Bondanella
El limpiabotas es casi un comentario irónico sobre la nota de esperanza que resuena al final de Roma, ciudad abierta, ya que en ella De Sica dramatiza la tragedia de la inocencia infantil corrompida por el mundo de los adultos.
(...) El estilo cinematográfico de De Sica incorpora una profunda comprensión de las posibilidades estéticas del montaje de la puesta en escena, que obviamente se inspira en los maestros franceses de la generación anterior. Utiliza constantemente los ángulos de cámara o la ubicación de los planos para subrayar las progresivas limitaciones impuestas a la libertad de los dos niños. Los créditos de la obra se superponen al decorado de la prisión infantil, un presagio ominoso del desastre que se avecina.
La escena inicial de la película, rodada en exteriores, es una toma del caballo al galope que representará el ideal de libertad en la obra, un baremo con el que debe medirse el resto de la película.
Mientras van a caballo, los niños son filmados desde un contrapicado que ennoblece a sus personajes y les da el aspecto, como señaló Bazin, de una estatua ecuestre; sin embargo, cuando se dedican a su oficio, ese mismo plano contrapicado, pero esta vez desde su perspectiva, subraya su humilde condición en el mundo; la sensación de confinamiento continúa, ya que varios planos a través de las ventanas de las celdas sitúan a los chicos en un ambiente opresivo y claustrofóbico y restringen sus movimientos. Sin embargo, la escena culminante de la película —ambientada fuera de la prisión y rodada no en exteriores, como fue el caso de la toma inicial del caballo, sino en un estudio— pone fin a esa sensación de confinamiento, ya que las cualidades estéticas de la fotografía se fusionan a la perfección con la tragedia de Pasquale.
Al igual que Renoir o Welles, De Sica aprovecha con frecuencia las posibilidades de la técnica de la puesta en escena para condensar una gran cantidad de información visual en un solo plano. Es emblemático su tratamiento de un motín carcelario, en el que tres planos visuales sirven para delinear el drama humano que solo está implícito en la trama: al fondo, con gran profundidad de campo, están los niños amotinados; el plano intermedio contiene al chico que actuará como pacificador entre los dos limpiabotas, y Pasquale y Giuseppe se sitúan en primer plano. (...)
En todas sus primeras películas neorrealistas, De Sica es aún más consciente que Rossellini de que su «realidad» filmada es producto de la ilusión cinematográfica, y disfruta enormemente revelándoselo al espectador atento.
Peter Bondanella en Italian Cinema. From Neorealism to the Present (The Continuum Publishing Company, 1990), pp. 53-55.