Matrimonio a la italiana
Matrimonio all'italiana
Sophia Loren, Marcello Mastroianni
- 102 min.
Durante la II Guerra Mundial en Nápoles, una joven sola en el mundo, Filomena Marturano, trabaja en un prostíbulo. Allí conoce a Domenico, un hombre de negocios burgués que la retira del trabajo pero sin casarse con ella. Dos nominacionrs al Oscar (una para la excelente caracterización de Sophia Loren) y principales premios David di Donatello para un film de enorme éxito internacional, una tragicomedia que explora temas incómodos y recupera el talento de Vittorio de Sica, tantas veces expresado de manera intermitente.
- Ano:1964
- Países de producción: Francia, Italia
- Guión: Renato Castellani, Leo Benvenuti, Piero De Bernardi e Antonio Guerra, sobre a peza teatral de Eduardo De Filippo.
- Fotografía: Roberto Gerardi
- Montaje: Adriana Novelli
- Productora(s): Compagnia Cinematografica Champion, Les Films Concordia
De Sica, gran artista y hombre de espectáculo perspicaz
Paola Cristalli (en el catálogo de Il Cinema Ritrovato, ed. 2014)
En 1964, De Sica regresa a Nápoles para rodar una película basada en la obra más famosa de Eduardo De Filippo, su «criatura más querida», que ya se había representado en numerosas ocasiones por todo el mundo (en París, por Valentine Tessier; en Nueva York, por Katy Jurado), por no hablar de las miles de representaciones en los escenarios italianos, protagonizadas primero por la legendaria Titina, hermana de Eduardo, y después Regina Bianchi. Sin embargo, prefiere (o no puede, o no se atreve) no titular la película Filumena Marturano. Por lo demás, se recurre a Eduardo para el guion, pero este desaparece de inmediato; de la obra se encarga un grupo de los de siempre que han dado gloria al cine italiano reciente, y que reestructuran los tres actos de la comedia en una sucesión de flashbacks. El título elegido es precisamente Matrimonio a la italiana: resulta sugerente, se traduce bien y reequilibra el peso de las estrellas. Sophia y Marcello están en la cima de su carrera, en un torbellino de Óscar y glamour, recién salidos de la escena del striptease que el propio De Sica orquestó para ellos en Ayer, hoy y mañana. También en los carteles de Matrimonio a la italiana, y no por casualidad, Sophia sonríe con descaro y en negligé.
El reto evidente es transformar a esta Loren, espectacular y de treinta años, en la curtida y dramática Filumena. Para Mastroianni es más sencillo: reinventa a Domenico Soriano en clave de sinvergüenza entrañable, y se mueve con soltura gracias a su capacidad de seducción, que en Eduardo solo era supuesta o ya se había desgastado. Solo en un momento se muestra realmente sórdido. Acoge a Filumena en su casa y le deja claro sin miramientos que solo es para que sirva a su anciana madre, incluso en las tareas más humildes. Ella acepta: sin resignación, con amarga ironía hacia sí misma y hacia el hombre del que no puede separarse. Sophia Loren está ahí, con esa belleza que, en cualquier caso, resulta ineludible, pero es como si su cuerpo absorbiera la sordidez de estas habitaciones, su moho, su olor. (...) Un gran trabajo de interpretación, de dirección de actriz y de escenografía. Los decorados de Carlo Egidi se cuentan entre lo más valioso de la película; los ambientes de la pequeña burguesía de la posguerra de Eduardo se convierten en interiores ruinosos, cavernosos, atravesados por una sensación de desmoronamiento.
A su alrededor, Nápoles, actualizada a 1964, parece un lugar extraño y vulgarizado (...). Al final, ambos se encuentran a los pies del Vesubio, en un paisaje gris, en una escena que tiene mucho de absurdo: dos viejos amantes, que han tenido toda una vida para repugnarse mutuamente, ceden a un reavivamiento del deseo tan repentino como improbable. Y, sin embargo, en este incongruente entrelazamiento, tan descaradamente al estilo «italiano-internacional» (Carlo Ponti produce y supervisa), De Sica —que es un gran artista y, al mismo tiempo, un hombre de espectáculo perspicaz— hace estallar el sentido de las «vidas lanzadas unas contra otras» de Eduardo.