Las amargas lágrimas de Petra von Kant
Die Bitteren tränen der Petra von Kant
Margit Carstensen, Hanna Schygulla, Eva Mattes
- 119 min.
Petra von Kant es una diseñadora de moda muy cotizada que se ha separado de su marido para vivir de manera independiente y libre. Un día una amiga le presenta a una chica de origen proletario de la que se enamora locamente.
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Rainer Werner Fassbinder
Las amargas lágrimas de Petra von Kant
Versión lingüística:VOSEFormato:35mm. -
Rainer Werner Fassbinder
Las amargas lágrimas de Petra von Kant
Versión lingüística:VOSEFormato:35mm. -
Rainer Werner Fassbinder
Las amargas lágrimas de Petra von Kant
Versión lingüística:VOSEFormato:DCP -
Rainer Werner Fassbinder
Las amargas lágrimas de Petra von Kant
Versión lingüística:VOSEFormato:DCP -
- Ano:1972
- Países de producción: Alemania
- Guión: Rainer Werner Fassbinder (Obra: Rainer Werner Fassbinder)
- Fotografía: Michael Ballhaus
La gran pretensión
Peter Matthews
Los devotos del cine clásico recordarán cómo, en la secuencia inicial de la película de George Cukor de 1939 Mujeres, las actrices son cruelmente comparadas con estúpidos animales. Norma Shearer es una cierva plácida, Rosalind Russell una gata atigrada que maúlla y Joan Crawford una leoparda que gruñe. Rainer Werner Fassbinder, ferviente seguidor del cine de Hollywood, ofrecería su propia interpretación de esta suerte de comedias descaradas en Frauen in New York, realizada para la televisión de Alemania Occidental en 1977. Pero ya cinco años antes había reflexionado sobre la fauna salvaje en un universo monosexual. Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972) comienza con dos gatos domésticos en una escalera, cuyos pequeños movimientos al comer y acicalarse se ven intermitentemente bajo los créditos. La toma hace referencia tácita a la apertura de Cukor, anticipando una historia en la que las elegantes apariencias ocultan instintos salvajes. A continuación, marcando el paso de la naturaleza a la cultura, la cámara abandona a los felinos y entra en el dormitorio de Petra. A partir de ahí, la vida espontánea cede paso a una puesta en escena extravagantemente artificiosa. Como hipnotizados por un teatro emocional interior, los personajes adoptarán para siempre poses jeroglíficas de amor, fascinación, ira y dolor.
La primera vez que vemos a nuestra protagonista, está dormida, con el cuerpo envuelto en penumbra y casi cadavérico. Su asistente personal, Marlene (Irm Hermann), que no pronuncia ni una sola palabra en toda la película, levanta las persianas con el movimiento brusco de un tramoyista que abre el telón. Petra (Margit Carstensen) se remueve, quejándose de pesadillas, pero, ¿de qué le advertía su inconsciente? El subtítulo que Fassbinder añade es «Una historia clínica», lo que nos lleva a suponer que Petra está enferma, incluso moribunda. Durante las dos horas siguientes, deambulará por su piso, pálida, fantasmal, poniéndose sucesivamente pelucas y trajes extraños y pintorescos, intentando, al parecer, invocar mediante ese disfraz una verdad que ha olvidado hace tiempo, pero que aún recuerda vagamente. El cielo azul y los árboles, que se vislumbran a través de una ventana, son los únicos indicios del mundo exterior. La acción nunca se aleja de la casa de Petra, y se desarrolla principalmente en su cama, ese escenario primigenio del nacimiento, la aventura romántica y la extinción. Ignorando la fotografía ágil y peripatética de Michael Ballhaus, algunos se han quejado de que se trata de teatro filmado, pero Lágrimas amargas continúa una venerable tradición alemana. El Kammerspiel (drama de cámara) de la década de 1920 limitaba su alcance a habitaciones escasamente amuebladas, donde las paredes se cierran y las personas suelen verse empujadas a la locura o al suicidio.
Fassbinder conserva ese ambiente de introspección torturada, pero elimina la monotonía del realismo social. Por lo que podemos ver, el apartamento de Petra es puramente decorativo. Aunque Marlene sirve té, fruta y vino espumoso a lo largo de la película, no hay pruebas definitivas de que haya una cocina o, dado que ella recibe a los invitados de forma abrupta, ni siquiera una puerta de entrada. En cambio, Fassbinder congestiona el campo visual con lujosas baratijas al estilo de Josef von Sternberg. Es difícil orientarse en medio del desorden, pero la geografía física no forma parte de la idea. El drama de cámara se convierte en una obra onírica. La residencia de Petra es un espacio totalmente abstracto y expresionista en el que los objetos concretos se eterizan en extraños significantes de fantasía narcisista. Una enorme reproducción en papel pintado de Midas y Baco, de Nicolas Poussin, adorna su tocador, y sus montículos de carne voluptuosa insinúan el abandono erótico que ella ansía (pero también que el éxtasis efímero siempre tiene un precio). Extrañas muñecas, encaramadas en vigas de madera, condenan su deseo como codicioso e infantil, aunque con un toque de caridad, ya que Petra acabará demostrando ser otro juguete manipulable. Maniquíes desnudos de grandes almacenes, dispuestos y reordenados por algún escaparatista clandestino, se convierten en un coro silencioso que satiriza con saña sus desgracias amorosas.
Extracto del libreto de la edición americana del blu-ray de la película, publicada por Criterion. Traducción propia.