
Stefan Zweig: adiós a Europa
Vor der Morgenröte
Josef Hader, Aenne Schwarz, Tómas Lemarquis, Barbara Sukowa, Nicolau Breyne
- 106 minutos
Biopic sobre el escritor austríaco Stefan Zweig, centrado en sus años en el exilio tras la invasión de los nazis de toda Europa. De origen judío, en sus ensayos y novelas defendió precisamente los pilares de la cultura europea, que vio destruida por dos guerras mundiales. Huido a París y más tarde a Londres, acabaría por refugiarse en Brasil, donde se suicidó en 1942 por el miedo a que el nazismo se extendiese por el mundo. Reivindicado hoy por muchos, sus escritos fueron recientemente la base del guion de El gran hotel Budapest (Wes Anderson, 2014), popular filme de clara voluntad europeista.
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Los últimos días de Stefan Zweig
Artículo de Eduardo Suárez en El Mundo sobre el exilio del escritor
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Stefan Zweig, en un café vienés
Artículo sobre la vida y obra del escritor por Higinio Polo (El viejo topo)
Trailer do filme
Versión original subtitulada
La musa del Hotel Budapest de Wes Anderson, vista por Maria Schrader
Michael Nordine (IndieWire)
Como si fuese un continental Adiós a todo eso, Stefan Zweig: adiós a Europa de Maria Schrader se trata de una mirada elegíaca al exilio literario. Zweig, judío austríaco que vio lo que se avecinaba cuando Hitler ascendió al poder, esposó ideales pacifistas que se daban de bruces cada vez más contra la realidad; el mundo se benefició de su presencia, pero él luchaba por encontrar su lugar en él. Schrader y el actor Josef Hader honran esa alienación al mismo tiempo que resaltan momentos de felicidad en los últimos años de Zweig.
Entre los seguidores más versados del autor se encuentra Wes Anderson, quien no esconde el hecho de que basó buena parte de El gran hotel Budapest en la vida y obra de Zweig. Ese filme tiene una mirada igualmente triste a una Europa a punto de entrar en guerra, aunque no es tan desesperanzadora – Zweig y su mujer se quitaron la vida en 1942, a miles de kilómetros de su hogar, con un Zweig que escribía: “creo que es mejor concluir a tiempo”.
Adiós a Europa está igualmente preocupada por el tiempo. Partida en capítulos que tienen lugar a lo largo de seis años desde 1936, su estructura episódica elude la mayoría de los detalles biográficos que enredan a filmes similares. Su secuencia de apertura, una velada en la que se celebra la llegada de Zweig a Brasil, tiene lugar en un gran comedor revestido de muebles blancos donde destacan los vívidos arreglos florales del centro; la cámara no se mueve en esta larga secuencia, pero Schrader y el director de fotografía Wolfgang Thaler nos hacen mover los ojos. Ese contraste de colores es recurrente en el filme, una representación acertada del fondo reservado de Zweig que da paso a su nuevo y atrevido entorno.
“Sus trabajos llegaron aquí mucho antes que usted”, le dice un emisario brasileño al aclamado autor, y es cierto: Zweig alcanzó una reputación internacional que le dio la bienvenida a otros países incluso (y especialmente por eso) cuando ya no se le permitía publicar en su tierra natal. Ve en Brasil una respuesta a la que considera la pregunta más urgente del momento: cómo coexistir a pesar de nuestras muchas diferencias. Sabe Dios que es una cuestión que aún debe responderse en Europa.
Esto le trae al escritor un ápice de paz e, incluso así, no puede evitar preocuparse por lo que está sucediendo en su hogar. Incluso si evita condenar explícitamente los acontecimientos en Alemania – argumenta que hacer eso desde el otro lado del mundo, donde no está al día ni directamente afectado por eso, sería perverso – vemos cómo le exaspera. Hader soporta este peso callado, como sabiendo que Zweig escribiría sobre esto antes que expresarlo verbalmente.
La dirección de Schrader no obstruye y es ágil, pues considera su tarea dotar de una tarima cinemática a Zweig y salir de los focos con educación (quizás no sea sorprendente para una actriz convertida en directora). No es que no haya florituras en el camino: una breve escena nos hace mirar por la misma ventana cubierta de nieve por la que observa Zweig una invernal carretera; no pasa mucho, pero hay una excitación calma en el efecto de los copos de nieve y en ese ver pasar a la gente a lo suyo desde el otro lado de la ventana.
Ese efecto está presente a lo largo de Adiós a Europa, de forma majestuosa y reservada pero a veces también con una cierta distancia. Schrader observa con pasión el intelecto de su sujeto, pero tenemos que leer mucho entre líneas para llevarnos un sentido de su mundo emocional interior. Con todo, estamos ante un ejemplo raro de biopic, que da la sensación de una vida vivida mientras esquiva las tendencias más sofocantes del género. Toda despedida es también un saludo, excepto la última.