
En tránsito
Transit
Franz Rogowski, Paula Beer, Godehard Giese, Lilien Batman, Maryam Zaree, Barbara Auer, Matthias Brandt, Sebastian Hülk, Emilie de Preissac, Antoine Oppenheim, Louison Tresallet, Àlex Brendemühl
- 101 minutos
Un hombre alemán huye de los nazis junto con un famoso novelista. Los dos intentan llegar a Marsella, desde donde escapar de Europa. Cuando el escritor muere en el viaje, su acompañante roba sus papeles y se hace pasar por él para obtener un visado que le permita meterse en un barco, pero en el camino se encontrará con la mujer del autor, de la que se queda enamorado y a quien no se atreve a confesar la verdad.
Película de época sin época, deliberadamente ambientada en la actualidad, Petzold coloca a refugiados europeos que marchan en un territorio en el que otros llegan.
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Christian Petzold: “Es absurdo encerrar a la gente en campos y que el flujo del dinero no tenga límites”
Entrevista por Paula Arantzazu Ruiz (Sensacine)
Trailer del filme
Versión original subtitulada
Regreso al pasado
Antonio Weinrichter (ABC)
Christian Petzold es quizá el cineasta actual que mejor se plantea el género histórico. Tras haber tentado un melodrama digno de Sirk en Phoenix, aquí ensaya una opción aún más atrevida. Adapta un texto de Anna Seghers de 1944 que narra las dificultades para escapar de Francia bajo la ocupación nazi y lo traspone a la Europa actual, destino de refugiados y exiliados. La operación es sutil, no hay subrayados ni explicaciones: los malos siguen siendo alemanes (Petzold nunca olvida su perspectiva nacional) y las víctimas son presuntamente judíos y no musulmanes, como pasaría hoy. El efecto de extrañeza viene de verlos luchar con una burocracia cruel, homicida, en la Marsella contemporánea. Extrañeza, y el vértigo de una triste lucidez: carecen del halo romántico de los exiliados de Bogart y Boyer en los años 40, pero los parias actuales viven el mismo calvario.
Esa lectura dialéctica, ese contemplar el presente desde el pasado, puede deberse al aporte de Harun Farocki, gran ensayista del cine que colaboró con Petzold en varios guiones hasta su reciente fallecimiento. Suyo parece, en efecto, el concepto que es puro Benjamin (otro exiliado que se suicidó en una frontera) de presentar la Historia como una ruina: la dimensión temporal retrospectiva de la alegoría. La película resulta más bien fría que (melo)dramática, se parece a la soberbia trilogía de Axel Corti sobre la diáspora, Wohin und Zuruck. El primer título del tríptico, Dios ya no cree en nosotros, podría haber servido para esta película: explica desde luego el limbo en que parecen vivir los personajes.