The Shiinomi School
Shiinomi gakuen / しいのみ学園
Kyōko Kagawa, Yukiko Shimazaki, Kenzō Kawarasaki, Ryô Iwashita, Ichirō Ryūzaki, Shin Date, Yoshio Ōmori, Fumio Ōmachi, Chiyoko Komine, Kumiko Mizuhara
- 98 min.
Yamamoto, un profesor de psicología en la universidad, y su mujer, Fumiko, tienen dos hijos, uno de ellos, Yudo, sufre un tipo de parálisis. Por este motivo, Yamamoto y su mujer, deciden usar todo su dinero para crear una escuela donde niños con necesidades especiales parecidas puedan conseguir el amor y el cuidado suficiente para hacer crecer su confianza en sí mismos. Basada en una historia real, se trata de la única película de la época que trató los problemas de los niños con necesidades especiales. El humanismo y la empatía característica de Shimizu hace que la la historia que nos cuenta resulte optimista y luminosa.
Foto © KOKUSAI HOEI
- Ano:1955
- Países de producción: Japón
- Guión: Hiroshi Shimizu, Saburô Yamamoto
- Fotografía: Hiroshi Suzuki
- Montaje: Toshio Goto
- Productora(s): Kokusai Hoei
Salvar a la infancia: el cine de Shimizu Hiroshi
Keiko I. McDonald
En cierto sentido, La escuela de Shiinomi (Shiinomi Gakuin, 1955) abre nuevos caminos, ya que sus protagonistas son niños discapacitados, víctimas de la epidemia mundial de polio de la posguerra.
De hecho, algunos críticos consideran esta película como la precursora de un tema que se trató en televisión en los años sesenta. También puede ser cierto que Shimizu fue el primero en tratar la discapacidad física como un tema de relevancia social en la vida.
La narración en sí es un relato sencillo sobre unos padres con dos hijos lisiados por la polio. La primera mitad trata sobre su lucha en casa, en la ciudad. La segunda mitad los lleva a un idílico entorno rural, donde fundan una escuela para niños discapacitados.
Todas las tentaciones del docudrama están aquí, y otro director podría haberse quedado con una visión sobria (aunque desconsolada) y clínica de la situación. Pero se trata de niños y Shimizu es Shimizu, por lo que su relato está repleto de momentos emotivos, incluso melodramáticos.
Puede ser útil recordar que esta película data de 1955. Eso explicaría la ausencia de los grandes problemas sociales que un director esperaría (y se esperaría de él) tratar hoy en día. Shimizu se centra en estos niños en esta situación: niños cruelmente discapacitados y que tienen que adaptarse a la vida que les ofrece esta escuela.
Uno de los focos de intensa emoción es el niño Tetsuo, cuyos padres lo han abandonado. Es un niño que nunca ha aprendido a sonreír.
Shimizu no escatima detalles en su relato de la difícil adaptación que debe realizar un niño así, no solo a su cuerpo lisiado, sino también a sus emociones y expectativas lisiadas.
Shimizu utiliza la profundidad de campo y los planos largos para enfatizar el minúsculo espacio que ocupa este niño sufriente en el vasto espacio del mundo. En un momento dado, una larga toma lo muestra llorando en segundo plano, retorciéndose con su cuerpo lamentablemente deformado. Llegan dos profesores. No se trata solo de un niño que llora y al que hay que recoger en un abrazo tranquilizador. El cuerpo de este niño es en sí mismo un obstáculo incómodo y atormentado para el alimento cotidiano del afecto humano. Shimizu deja claro este punto, enfocando con la mirada fija de la cámara una lucha bienintencionada, pero dolorosamente torpe, por calmar a Tetsuo y volver a meterlo en la cama.
En otros momentos, la cámara sugiere una implicación más emocional en la difícil situación de este pobre niño. Los primeros planos nos invitan a compartir su sensación de desánimo y pérdida, mientras escribe cartas a unos padres que nunca le responden, y mucho menos le visitan.
Al final, parece que el patetismo de esta situación pudo más que la capacidad crítica de Shimizu. Tetsuo muere en una escena que solo puede compararse con los clásicos melodramas en los que el contenido emocional supera al control inteligente.
Un largo plano muestra a Tetsuo en la cama rodeado de sus compañeros de clase y su profesora. Una chica comienza a leer la carta de sus padres, una carta que ella misma ha redactado. Una serie de primeros planos contrasta la expresión de alegría del chico con la mirada bastante preocupada de su profesora. Los primeros planos de sus manos refuerzan esta diferencia de emociones. Las de él están abiertas, receptivas. Las de ella, apretadas con ansiedad. La escena termina con una toma del jardín desierto, una referencia obvia a días anteriores más felices, cuando Tetsuo se mostraba por fin como una parte feliz de su grupo, jugando con sus compañeros de clase.
La escuela de Shinomi termina con la nota de celebración esperanzada de la camaradería que se espera de Shimizu, completada con el campo que él consideraba obviamente indispensable para el crecimiento y la felicidad. La cámara se desplaza hacia la izquierda en un gesto que transmite una sensación de admiración consoladora por la belleza de la escena. La banda sonora incluye la canción principal de la película, «The Shiinomi School», interpretada por voces infantiles. Los niños entran mientras se dirigen a echar cartas de despedida al buzón. El funeral de siete días por Tetsuo ha terminado. La última toma se desplaza sobre el buzón con las montañas ondulando suavemente al fondo.
Keiko I. McDonald, ‘Saving the Children: Films by Shimizu Hiroshi’, en Word and Image in Japanese Cinema, ed. Dennis Washburn, Carole Cavanaugh, Cambridge University Press, 2001, pp. 193-194. Traducción propia del inglés.