
Hermanos y hermanas de la familia Toda
Toda-ke no kyōdai / 戸田家の兄妹
Mieko Takamine, Shin Saburi, Hideo Fujino, Ayako Katsuragi
- 105 min.
El clan Toda se reúne para celebrar el 69 aniversario del patriarca. Poco después, éste muere de manera repentina. Los hijos descubren que acumulaba muchas deudas y se ven obligados a vender la casa familiar. La pequeña de ellos, Setsuko, ve escapar a su prometido ante esta situación económica desfavorable y debe buscar un nuevo hogar junto a su viuda madre. Ambas saltan de vivienda en vivienda de sus familiares, pero nadie parece contento de acogerlas.
Entre 1937 y 1941 Ozu no pudo dirigir. Primero estuvo en la guerra en China un par de años y al volver intentó sin éxito filmar Ochazuke no aji, que acabaría por ejecutar en 1952. En ese momento las autoridades no la vieron como lo suficientemente patriótica y no la aprobaron. El género de moda era el cine familiar, reconfortante y políticamente “inofensivo” y a través del que podían transmitirse los valores de exaltación patrimonial que el gobierno imperialista de la época requería. Ozu, sabiendo leer el contexto, se plantó en el despacho de los directivos de la Shōchiku con el guion de Toda-ke no kyōdai y, haciendo valer su fama de director de dramas familiares, exigió un aumento salarial. Le dieron dos estrellas, Shin Saburi y Mieko Takamine, y le prometieron esa subida si conseguía un éxito de asistencia en las salas – en el que Ozu no era tan experto, a ojos de la Shōchiku, lo salvava que hacía filmes baratos –.
El director se cobró una suerte de bien merecida venganza, colando a través de estas dos estrellas ideas críticas, que no relucían bajo la superficie de melodrama. Shojiro, el hijo menor del clan, es un tipo que no presta excesiva atención a las apariencias, resolutivo y centrado, que aborda las exequias del padre con ascetismo y que se encarga de buena parte de su organización sin darse el pote. Contra la actitud más presumida de otros hermanos y cuñados, que parecen estar haciendo mucho por la patria desde sus cómodas casas de nobles samuráis, Shojiro es de facto el único que presta servicio en la guerra en China.
Setsuko, sin perspectivas de casarse, en vez de buscar otro marido que la mantenga, contacta con una amiga para que le consiga trabajo, lo que provoca la ira de otros miembros de la familia, que consideran que esto es rebajarse y está dañando la reputación familiar. A través de estos dos personajes, Ozu critica las desigualdades inherentes al sistema de castas impuesto por la dinastía Tokugawa tres siglos atrás y que, aunque oficialmente ya no estaba funcionando, seguía muy vivo en opinión del realizador.
En el campo visual, el autor continúa evolucionando en la ruptura de las convenciones cinematográficas, jugando a romper el eje tradicional y optando por una frontalidad más pronunciada de lo habitual en los primeros planos. Las bases del estilo que lo caracterizará hasta el final de su carrera, en una paulatina depuración, ya quedan aquí fijadas. El público comienza a advertirlo, ven en Toda-ke no kyōdai algo singular y, quizás por su mensaje progresista o por esta excepción visual, el filme responde en las salas. Ozu alcanza el aumento prometido y a partir de aquí también el respecto de todos como uno de los directores más importantes del momento.
- Ano:1941
- Países de producción: Japón
- Guión: Tadao Ikeda, Yasujirô Ozu
- Fotografía: Yuuharu Atsuta
- Montaje: Yoshiyasu Hamamura
- Productora(s): Shōchiku
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Los hermanos Toda , o Hermanos y hermanas de la familia Toda (Toda-ke no kyôdai, Yasujiro Ozu, 1941)
Reseña en el sitio web Tren de sombras, por Manuel Pozo.
55 años sin Yasujirô Ozu
Repaso de curiosidades y constantes en la obra del realizador.
Cosas en las que creo
Diálogo entre Yasujirô Ozu y Kozo Ueno
Lo que deseaba retratar no eran tanto los comportamientos ordinarios de la vida cotidiana como la determinación y la resolución, que tienen raíces más profundas. Por ejemplo, no me fío gran cosa de quien afirma, con toda gallardía, que siempre está dispuesto a ir a la guerra, como si no pasara nada. No se sabe cómo reaccionará una persona así, en concreto, cuando los proyectiles comiencen a volar y empiece a correr la sangre. Tener siempre puesta la cara del delegado de clase perfecto no es lo más importante: lo más importante es tener esa determinación, esa resolución, en los momentos críticos. En el caso de ese personaje de Hermanos y hermanas de la familia Toda, Shojiro Toda, no sé si he logrado representar adecuadamente ese espíritu, pero en cualquier caso he intentado presentarlo como un hombre que no tiene siempre la actitud del eterno delegado de clase.
(…) para mí el trabajo es una pasión devoradora. El resto de cosas pueden no marchar bien, pero el trabajo no se toca. Esta actitud se va contagiando poco a poco y acaba por atrapar a todo el equipo. Se crea una especie de alianza. Hacer un trabajo perfecto es complicado, pero si uno se dedica al máximo, incluso cuando no se logra ese resultado, hay que tener paciencia porque llegará. Por el contrario, si no se da esa actitud de compromiso, si se hacen las cosas solo por hacerlas, nada tiene sentido. Por eso muchas veces hay que saber esperar. De todos modos, lo que importa es poner lo más alto posible el límite entre lo que se acepta y lo que no se acepta.
Yo intento hacer lo que creo que es mejor, y si luego veo que el resultado no es bueno, pienso cómo puedo hacerlo la próxima vez. Así es como trabajo.
(…) Hermanos y hermanas de la familia Toda, como historia, es un melodrama, pero yo intenté hacer una puesta en escena lo más distante posible, evitando cualquier concesión a la intensidad. Y le diré que estoy bastante satisfecho con el resultado.
Extractos de la entrevista con Kozo Ueno en La poética de lo cotidiano. Escritos sobre cine, de Yasujirô Ozu (ed. Gallo Nero, 2017). Originalmente publicada en Nihon Eiga, junio de 1942.