Kill Bill: The Whole Bloody Affair
Uma Thurman, Lucy Liu, Vivica A. Fox, Michael Madsen, Daryl Hannah, David Carradine, Julie Dreyfus, Chiaki Kuriyama, Sonny Chiba, Gordon Liu Chia-Hui, Michael Parks
- 275 min.
Una antigua asesina de élite, conocida comúnmente como la Novia, despierta de un coma de cuatro años después de que su antiguo jefe y amante, Bill, le pegara un tiro en cabeza, estando embarazada, en el día de su boda. Decide dar caza al que fuera su mentor y a los cuatro miembros del Escuadrón Asesino Víbora Letal que lo asistieron en el día de la matanza.
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'Kill Bill: The Whole Bloody Affair': más larga, más excesiva, más sangrienta
Marta Medina del Valle (El Confidencial)
Every Change to Kill Bill: The Whole Bloody Affair
Rick Worley (en su canal de YouTube)




Kill Bill supuso un giro en la carrera de Quentin Tarantino, que desde entonces se adentró en la exploración metadiscursiva, posmoderna y lúdica de los géneros cinematográficos populares que marcaron su juventud, primero como ávido consumidor de los programas dobles que se pasaban en Los Angeles, después como trabajador de un videoclub, en el que devoraba cientos de filmes de este estilo, y que nutrieron su formación cinéfila. En Kill Bill la exploitation de los setenta, la fórmula rape and revenge, las locas coreografías hongkonesas de los Shaw Brothers, el kung fu, los filmes de yakuzas –la cinta está dedicada a Fukasaku Kinji–, el anime más violento y una suerte de spaghetti western crepuscular se baten juntos para destilar, en palabras del propio autor, el filme más tarantiniano de todos, el que de alguna manera mejor resume su legado.
Inicialmente partida en dos volúmenes para su distribución en los años 2003 y 2004, Tarantino presenta aquí la versión íntegra del director, que no pudo verse excepto en algún pase contado hasta 2025. Ésta incluye una secuencia inédita de animación; ciertos cambios de montaje en el que era el primer volumen, ahora algo más pausado y en consonancia con el segundo; más planos en la batalla contra los Crazy 88, en la que además se recupera el color –en la versión de 2003 estaba parcialmente en blanco y negro para que la violencia no resultara tan gráfica–; prescinde de cliffhanger y de introducción al segundo volumen, lo que aporta otro choque dramático a la secuencia final; y el público cuenta con un intermedio para tomar una pausa en un filme que supera las cuatro horas y media.
Kill Bill como siempre la concibió su autor, y en gloriosos 35mm, como también es preferencia del director.